Capítulo 13

Por aquel entonces, cuando el negocio de los collares, la tía Felisa ya vivía en Madrid, pero durante los años anteriores ella y sus hijas habían vivido en Tánger. A la mayor, Mary, al terminar en Madrid los estudios de enfermera le ofrecieron un trabajo en Tánger, en el Hospital de la Cruz Roja. Era un mundo conocido para ella y lo aceptó. Detrás de ella vinieron la tía Felisa y sus otras dos hijas, Lola y Carmen, que también se habían hecho enfermeras.

Eran los cincuenta. En Tánger se casaron Mary y Carmen, allí decidió meterse a monja Lola, allí nacieron unos cuantos primos, más o menos los de mi edad: Rodolfo, Mari Carmen y Cristina; Perico y Mari Tere. Creo que todos ellos se fueron en 1962, juntos o escalonados, pero todos se fueron a Madrid, aunque para algunas fue sólo la primera escala.

Durante toda esa época los contactos entre mi madre y sus hermanos, los primos Pastor, que seguían viviendo en Tetuán, y las primas Maroto, que ahora vivían en Tánger, volvieron a ser muy intensos, primero siendo todos ellos solteros, después ya algunas casadas y con niños.

Yo tengo recuerdos de la familia de Tánger, pero son recuerdos nebulosos: los primos, la casa, la terraza un día en que había muchas señoras merendando, el bakalito de la esquina. Poco más.

Un bakalito

Y luego, todo lo que me han contado. Que la tía Lola tenía el novio más guapo y más enamorado, y que lo dejó plantado para meterse a monja. Que la tía Felisa cambió no sé cuántas veces de casa y que, además, visitó todas las que se alquilaban: “En ese edificio visité una casa con la tía Felisa” decía mi madre a menudo cuando paseábamos por Tánger. “Ahí los pisos tenían caja fuerte”, “En ésa nos cruzamos con un mayordomo con librea”. También anécdotas de un cirujano francés con el que trabajaba la tía Carmen, y que igual cosía la barriga de una enferma que una pajarita para acudir a una fiesta .

Ésas eran las excentricidades del Tánger que sale en las novelas y las películas. Porque el Tánger de mis tías era el Tánger de la gente normal, extranjeros, sí, pero gente corriente. Pues al lado del glamour y los espías, Tánger fue también durante toda su época internacional una ciudad llena de españoles, el gran batallón de profesionales y empleados, pequeños empresarios y trabajadores manuales, y de muchas andaluzas que encontraron allí el trabajo y el refugio que su país de origen les negaba. Vivían todos ellos en los márgenes del glamour y las conspiraciones, vivían una vida normal, aunque, sin duda, mejor y más libre que en España.

La tía Felisa y su hija Carmen

También fue Tánger en esa época refugio de muchos exiliados españoles, viejos socialistas a los que mi padre visitaba cuando íbamos a Tánger. Mi madre y yo lo esperábamos fuera, eran citas rodeadas de un halo de conspiración.

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